(aún no) mis viejos
Sería por 1954.
Mis viejos no se conocían, pero subían al mismo tren abarrotado de pasajeros, todos los días, a la misma hora.
Probablemente se habían visto alguna vez. Seguramente se habían mirado alguna otra.
Ese día mi vieja no pudo subir a ese tren repleto.
Ella todavía no era mi vieja.
Mi viejo, que estaba «colgado» del estribo, la vio en el andén y decidió bajar para quedarse con ella. Él aún no era mi viejo.
Charlaron.
Esa misma tarde, mi viejo (que todavía no era mi viejo) le dijo a un amigo que, si mi vieja (que aún no era mi vieja) le decía que sí, se iba a casar con ella.
El resto es conocido.
Aguanten las historias de amor con final feliz.
