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Nació 31 de agosto de 1969. Casado con Pilar González Fernández, tres hijos.
Sexto de siete hermanos (4 varones, 3 mujeres). Hincha de Independiente.
Fue presidente del bloque de concejales del FPV en San Antonio de Areco. Fue subsecretario de Ejecución Operativa de la Secretaría de Integración Nacional en la Jefatura de Gabinete de Ministros, cuando la comandaba Juan Manuel Abal Medina. Secretario de Industrialización de la Ruralidad (2012). Desde el 10 de diciembre de 2017 es diputado Provincial por la Segunda Sección Electoral por Unidad Ciudadana. A la fecha de esta publicación, Mariano Pinedo es precandidato a intendente de San Antonio de Areco por el Frente de Todos.

– Mariano, el apellido Pinedo, primero que nada, tiene cierto peso específico en la historia argentina. ¿Cómo lo sobrellevás?

– Yo creo mucho en la historia. Tengo una visión que atraviesa la política pero también tiene que ver con una visión personal, que es creer mucho en el tiempo. Creo que tenemos que hacer una apuesta grande a resolver las cuestiones en el tiempo o confiar en el tiempo. Y en esa creencia en la historia, obviamente valoro muchísimo las historias personales que tienen que ver con los ancestros, con las culturas, con las herencias, a veces con los mandatos que tienen su peso positivo o negativo. Y vengo de una historia de la que estoy orgulloso en lo personal, en la que he aprendido mucho, que le debo muchísimo obviamente a mis viejos, a mi familia, a la vocación por la política. Pensá que desde chico siempre tuve una relación con la política, nosotros, toda mi familia, poco normal, por lo menos respecto de lo que eran mis congéneres, mis amigos. Siempre se habló de política, siempre se discutió, siempre fue tema de mesas, de hogar, diario. Y eso, al principio, como que lo tenía medio incomprendido, algo que ocurría todo el tiempo, hasta te «embolaba» un poco, pero después fue como despertando en mí una vocación por ver de qué se trataban todas esas discusiones. No había una visión única, siempre fue una casa con mucha discusión. Si querés, con un sesgo volcado hacia una mirada más conservadora, por ahí no tanto liberal, siempre mucho antiradicalismo y no mucho liberalismo; si bien había una mirada liberal, y la hay en lo económico, en la concepción más política había una mirada más conservadora. Si se quiere, la argentina tiene una expresión conservadora-liberal, si querés, en la historia. Y me crié y después tuve este proceso personal, en la tardía adolescencia, relacionado con una mirada más social, con un mirada más orientada a lo que fue la doctrina social de la iglesia en la universidad, con un sesgo popular, con un sesgo nacional, que se dio medio aleatoriamente por lecturas, por amigos, por compartir cosas, y me empecé a meter en las lecturas del peronismo, fundamentalmente de Perón. Muchos autores relacionados con los antecedentes de Perón pero, fundamentalmente, lo que me conmovió del peronismo fue, al principio, la mística, la mística popular, la mirada social, la vinculación con la cultura nacional y popular, pero fundamentalmente la profundidad de Perón. Lo que me terminó de orientar en mi elección política es eso: la tremenda profundidad, tanto doctrinaria e ideológica como metodológica de Perón. Para mí es un antes y un después, incluso, creo yo, en la política argentina, no sólo respecto a la historia personal mía, sino que, me parece, quien comprendió el mensaje de Perón en la cuestión filosófica, pero también en la cuestión metodológica, tiene una herramienta que el resto de las personas que hacen política no la tienen. Es un activo distinto. Y después la experiencia de militancia, de compartir historias con compañeros y amistades, compañeros de facultad y compañeros de la calle que me fueron orientando, y me convertí en una suerte de fanático del peronismo y de estudiar al peronismo. Aparte, después lo pude practicar y me dio infinidad de posibilidades.

– Hablaste de mandato y de familia, de tus padres. ¿En el mandato no influye el hecho de que tu hermano Federico haya sido presidente?.

– Federico tiene una historia generacional distinta: él nació en el ‘55, tiene una formación en la vida política joven en los años 70, está mucho más marcado por la guerra fría, si querés, por el fenómeno o el epicentro en la guerra fría. Yo nazco a la reflexión política propia con la vuelta de la democracia, estaba en primer año del secundario, con lo cual ni siquiera tenía demasiada fortaleza en mi posición, pero nazco a esa autoconciencia de la política ya en democracia. Distinto el caso de ellos que atraviesan una historia más dolorosa, más difícil. Y sobre todo más sesgada a lo que fue posicionarse de un lado o del otro en ese mundo bipolar. Y aparte, creo que él y esa generación tienen una especie de necesidad de reivindicar la vieja argentina. Lo que creo en ellos, por convicción, por reacción o por lo que fuera, es que necesitan ser los que en este siglo le devuelvan a la Argentina esa que fue en el siglo XIX. Tienen una especie de compromiso con esa realidad. Por lo menos yo lo veo así. Lo cual no quiere decir que no tenga una visión de futuro y que no quiera proyectar una argentina moderna. No le estoy diciendo que es un antiguo. Lo que estoy diciendo es que hay una especie de mandato, que yo también ligué pero que me desligué, de esa argentina del primer mundo que tiene que volver a ser. Incluso conflictos no resueltos de esas discusiones que seguramente tuvieron en la universidad, si Roca sí, si Roca no… En fin, me parece que a nosotros no nos pasó eso porque, lamentablemente, nos pasó por arriba toda una historia de dolor y nos tuvimos que posicionar en otro lugar cuando volvió la democracia.

– ¿Y el hecho de ser «hermano de» no es un peso para tu accionar diario en la política, quedar relegado?

– Hay algunos prejuicios por parte de algunos compañeros. Yo tengo más de 25 años de militancia en el peronismo, con lo cual los prejuicios se van desdibujando y aparte me comprometo con la formación de compañeros, tomo decisiones ahora en el mundo de la política que van rumbo a otro lado, pero hay una suerte de prejuicio en algunos que tenés que dar vuelta. Y después hay algunos puentes. Con mi apellido en la política tengo algunas facilidades para vincularme con otras miradas, con otros sectores. Hasta puentes, si querés, sociales, que tienen que ver con unas herramientas que, creo, estoy en condiciones de utilizar y que  pueden servir para la política. Y de hecho me han servido. Trato de capitalizar lo positivo, independientemente de lo personal, que es el orgullo de mis viejos, de mi historia, de capitalizar lo positivo y lo negativo de tener un apellido de la política que es evidente, que todo el mundo te pregunta «¿qué sos de…?», pero ya, a poquito que fui haciendo mi propia historia, no me afecta tanto.

– Leí por ahí que nunca llegaron a las piñas pero «casi».

– No sé en qué casa, en qué familia, en qué hogar no ocurren peleas políticas. Yo comparto la vida con muchas familias y en todos lados se cuecen habas, pero teniendo tanto protagonismo él, que prácticamente está en la línea sucesoria presidencial, es evidente que tiene un compromiso con una mirada, con un gobierno, que ahora es oficialismo, que lo tiene que defender en las buenas y en las malas, como nos pasaba a nosotros un tiempo atrás. Y por suerte nos agarró en un proceso de más madurez en las discusiones. Cuando yo era joven era un poquito más picante en las discusiones  y sí, por ahí había discusiones fuertes. En los inicios del macrismo (de la ciudad) tuvimos un par. Porque él tuvo mucha militancia desde chico en partidos de centro, centro derecha, centro conservador-liberales. De hecho fue concejal y tuvo protagonismo en algún gobierno peronista también, como funcionario, pero después dejó un tiempito y se dedicó a la actividad privada, y con Macri volvió con mucha fuerza a tener un rol. De hecho, Federico es uno de los principales promotores de Macri en la vida política. Recuerdo cuando todavía Macri no era nadie ya estaba trabajando con él, en engancharlo en la política, como una figura prominente que venía de un club, todo lo que ya saben.

– Sos diputado por la segunda sección, una de las zonas con las tierras más ricas, más rentables de la Argentina.

– Es el norte de la provincia de Buenos Aires. Para que la gente se ubique: Ruta 7, Ruta 8 y Ruta 9. No la abarca toda a la Ruta 7, pero llega a Carmen de Areco, la Ruta 8 llega hasta Colón, la Ruta 9 llega hasta San Nicolás, pasa por Pergamino, Rojas, todo el núcleo agrícola más fuerte. Obviamente San Antonio de Areco, de donde vengo yo, hasta Exaltación de la Cruz y por la Ruta 9 hasta Zárate. Es agrícola y es corredor industrial. Tal vez el corredor industrial más importante que tiene la provincia, que es todo el corredor de la ruta 9 desde Zárate a San Nicolás, pasando por Ramallo y San Pedro, que es una economía regional interesante, desperdiciada a mi manera de ver, y pasando por Baradero, que tiene estos últimos años un golpe fuerte  en su actividad industrial. Es una sección potente en lo productivo y con mucha potencialidad. Mucha más de la que estamos desarrollando, pero bastante complicada en términos electorales para el peronismo.

– Hablaste de «economías regionales» en algún reportaje...

– A mí no me gustaba hablar de economías regionales, porque terminológicamente daba la pauta de que había una economía central, que era la importante, que eran los puertos y la pampa húmeda, la economía agrícola primarizada, vinculada con el sector financiero y las grandes ciudades. Eso era «la economía». Las economías regionales eran como marginales. Se las tenía en el radar como algo  que había que tirarle plata, un poquito de sustento y muchas veces casi con el cinismo de hablar de ellas en papel protagónico en los discursos, y papel absolutamente secundario en las decisiones. Todo el mundo hablaba de economías regionales pero nadie hacía una política. Para mí, la Argentina tiene una bendición, y la provincia participa de esto, que es la “diversidad productiva», es decir que hay distintos sistemas económicos que se pueden integrar: un sistema de economía primaria, al que se le debe agregar valor para ser un país sostenible y sustentable, social y económicamente, y ambientalmente, y después hay sistemas económicos que van siendo como engranajes de la misma rueda que funcionan con sus lógicas. En todos ellos, cuando hablamos de la argentina agroexportadora, parece que estamos hablando solamente de la argentina productora de soja, trigo, maíz, los principales productos, pero en realidad cada uno de los sistemas de la mal llamada economía regional, lamentablemente, tienen la misma lógica. Si te metés en una producción específica de fruta, por ejemplo, también está orientada a la exportación; si te metés en los limones, está orientada a la exportación; si te metés en el Alto Valle de Río Negro, está orientado a la exportación; si vos te metés en la miel, está orientada a la exportación. En realidad, todas las economías regionales, que por suerte existen y tienen que tener mucha más potencia, fundamentalmente por lo que genera de arraigo, lamentablemente son una matriz primarizada. El primer desafío de la argentina es el agregado de valor  a los productos de origen primario, sean cuales sean.

– Nombraste Arraigo: ese «triángulo virtuoso» de Trabajo, Educación y Tierra.

– Acceso a la tierra, acceso a la vivienda, acceso a la educación. Nosotros pusimos en algún momento, aprovechándonos de una capacidad de síntesis importante que tenía Cristina, que sigue teniendo, pero allá por 2010, 2009, acuñó el concepto de «industrialización de la ruralidad», entendiendo la ruralidad como el ámbito urbano-rural del interior de la Argentina, y a la industrialización como la aspiración. A esa ruralidad había que trabajarla, contemplarla en lo social, en lo cultural, en lo productivo, en la infraestructura, y produciendo mayores niveles de industrialización. Eso nos dio un primer pantallazo de lo que sería, o lo que debería ser, nuestra estrategia de gestión local acá en San Antonio de Areco. Después, otro líder notable de nuestro tiempo, que alguna vez, ojalá más temprano que tarde, vamos a tomar su verdadera dimensión de lo que significa hoy la existencia del papa Francisco con su mensaje social, disruptivo y bien orientado a entender por dónde pasa el conflicto, sintetizó en Tierra, Techo y Trabajo. En realidad lo hizo a los Jesuitas, lo hizo tomando e interpretando de los movimientos populares, porque “Tierra, Techo y Trabajo” no la acuñó Francisco: la acuñaron los movimientos populares. Él lo toma de ahí y sintetiza su mirada, y nosotros la utilizamos como un leitmotiv de nuestra planificación de desarrollo local en San Antonio de Areco y orientamos política al acceso a la tierra y a la vivienda desde una agencia de hábitat y con herramientas, si se quiere, bastante heterogéneas, como fueron expropiaciones de orden local, convenios urbanísticos con privados, medidas de orden fiscal local, todas orientadas a que los macizos de tierra inutilizadas para lo urbano, para la vivienda, sean volcadas al mercado. Hay un proceso de especulación de retención de la tierra, urbana estoy hablando, no tierras marginales ni los costados del pueblo, sino en el corazón del pueblo, manzanas, lotes, que están o estaban inutilizadas, y utilizamos todas las herramientas que tenemos a disposición para que el privado o las desarrolle o las desarrollemos en conjunto con la municipalidad. Esos convenios permitieron que la municipalidad haga la obra de infraestructura y se quede con algunos lotes para poder volcarlos al mercado y así bajar los precios y de entrada no generar ningún loteo urbano sin todos los servicios: agua corriente, cloaca, cable soterrado, cordón cuneta, todo lo que corresponde a un hábitat justo. Eso en el eje Tierra y Techo. Porque eso está orientado a la vivienda. Nosotros tuvimos en nuestro gobierno el programa más ambicioso y exitoso de la historia de la Argentina, está en números duros, que fue el PROCREAR, pero tenía una traba grande que era que podían desarrollar vivienda los que tenían tierras, y había una traba grande que era cómo acceder a la tierra. Eso para nosotros se desarrollaba desde la política local. Y el otro eje que era el Trabajo, que lo hacemos a partir de esta idea de agregado de valor de los productos primarios, desarrollando industrialización, en una política concreta que fue un parque industrial, ordenamiento territorial para uso de tierra o de suelo orientado a la industria. Y después el tema Educación. Después esas tres banderas las sintetizamos en Arraigo. Tierra, Techo y Trabajo terminó siendo para nosotros más fácil explicarlo desde el Arraigo. ¿Cómo hacés para que un pibe de 14, 15 años oriente sus sueños, sus aspiraciones, en este lugar, sin garantizarle que va a tener un laburo, sin garantizarle que va a tener educación superior en su lugar de origen y sin garantizarle que va a tener una casa donde vivir y una tierra donde desarrollar su familia? Sin estas tres cosas es imposible pensar en que el interior se puede desarrollar y que no vamos a cortar este drama que tiene la Argentina que es la hiperpoblación, hiperconcentración poblacional en los grandes centros urbanos, por supuesto, sin ningún tipo de garantía de dignidad mínima. Basta con recorrer un poco algunos lugares del conurbano para darse cuenta que esto tiene que ser así. Nuestra política, en lo local, fue el Arraigo y creemos que tiene que ser la política de la Argentina. Es el gran salto cualitativo que puede dar la Argentina, prácticamente una epopeya. Es romper la profundización de la concentración poblacional y desconcentrar la población hacia los territorios. Ese es el gran proyecto que tiene la Argentina, para nosotros.

– Fuiste funcionario de la gestión de Durañona, justamente en ese área, industrialización de la ruralidad.

– Yo venía de ser Subsecretario de Integración Nacional con Cristina desde 2009, cargo en el que aprendí muchísimo y laburé muchísimo en esto que estamos hablando. Porque un poco la propuesta estaba orientada a eso y Paco, a quien conozco hace muchos años y militamos juntos mucho, me convocó para ser su Secretario de la Industrialización de la Ruralidad, que en aquel momento le habíamos puesto hasta el nombre. Después lo vimos como muy complicado y terminamos poniéndole Secretaria de Desarrollo como para que se entienda más fácil, pero en aquel momento era importante marcar la impronta. Sí, fui hasta el 2015, que fui electo concejal, y presidí el bloque del oficialismo.

– Sos diputado provincial. Desde la legislatura bonaerense, como diputado, ¿cuáles son las herramientas que vos podés utilizar o qué proyectos en este sentido presentaste?

– Nosotros nos propusimos, y digo nosotros porque mi banca forma parte de un proyecto político que tiene raigambre territorial, desde el primer momento llevar todo esto que desarrollé hace un ratito a la Legislatura. Tratar de utilizar la banca y mi acción como legislador en pos de profundizar las herramientas que fortalecen esto. Y hay un tema del que obviamente estoy participando muy activamente en todas las comisiones relacionadas con la producción, con Asuntos Agrarios, con Asuntos Regionales y del Interior, con todo lo que tiene que ver con esto que estamos hablando, Energía. Pero nos pusimos también en la reflexión a la que te lleva la gestión, porque la gestión hay que hacerla de la mano de un proceso de adecuación, de reflexión, de contradecirte en el buen sentido, es decir, cuestionarte. Llegamos a la conclusión después de ya casi 7 años de gestión, con mucha experiencia de ayudarlo a Paco en su gestión municipal, es que los grandes protagonistas de una transformación del futuro de la Argentina son los gobiernos locales. De hecho, en el mundo ocurre esto. Todos los lindos debates de agenda concreta, y no financiera, del mundo globalizado y transnacional, tienen como protagonistas a los gobiernos locales. Entonces, también nos propusimos en la Cámara fortalecer con todas las herramientas a nuestro alcance, tanto en lo fiscal como en lo institucional, darle mayores herramientas a los municipios, a los gobiernos locales. La gran transformación de la argentina pasa por ahí, por fortalecer a los gobiernos locales. La provincia de Buenos Aires, si pudiéramos lograr que en lo jurídico, político, institucional, pero también en lo económico fiscal, sea una suerte de confederación de 135 municipios, en donde el gobernador sea como el articulador de esos municipios, que son los que gestionan la política, no sólo en el día a día sino todas estas herramientas de política que acabamos de mencionar, si logramos esto, haríamos una provincia realmente a la vanguardia, como debe ser la provincia de Buenos Aires. La agenda de los gobiernos locales tiene acceso  a los alimentos, con soberanía alimentaria, tiene hábitat justo que es lo que mencionamos con el tema de los loteos, acceso a la vivienda digna y al hábitat digno, tiene la necesidad de articular la educación básica, pero también la superior. Nosotros creemos que la educación en la provincia de Buenos Aires debe ser gestionada por los gobiernos locales. Tal vez no la currícula, la cuestión macro, pero sí la gestión edilicia. Pero la gestión también de la escuela, porque tenemos experiencia. San Antonio de Areco tiene, desde los 45 días de los niños hasta la Universidad, todos los eslabones de la educación: maternal, jardín, primaria, secundaria y centro universitario. Todo está en la órbita municipal y funciona. Así que puede ocurrir eso y tiene que ocurrir. En todo esto tratamos, desde la legislatura, dar herramientas para eso, y el debate se da también en lo constitucional. Soy abogado y formo parte de la Comisión de Asuntos Constitucionales y aspiramos, el sueño nuestro es que la provincia se dé una nueva constitución con mayor nivel de autonomía a los municipios.

– ¿Y esta agenda es compartida? Hay más de 60 municipios con gestión Cambiemos, menos de esa cantidad con gestión de Unidad Ciudadana. ¿Cómo es manejar una agenda común teniendo esas diferencias en lo político?

– Yo creo que todavía cuesta , no veo yo a la clase política, mayoritariamente, hablando de estas agendas. Todo lo contrario, creo que el gran problema que tenemos hoy es la gran distancia que tenemos hoy, la demanda de proximidad que tiene nuestra población, de resolución de temas concretos, de proximidad, de cercanía, de velocidad. El gran problema que tenemos es que todavía estamos atados a la agenda centralista unitaria porteña de hablar de lo que ocurre en las 40 manzanas principales de la Ciudad de Buenos Aires. La verdad que hoy la política, casi en su totalidad, está debatiendo la agenda que propone el gobierno, que propone Macri, que es fiscal y financiera. Es decir, solamente se habla de las cuentas fiscales y solamente se habla del dólar y de las herramientas financieras para contener los flujos transnacionales de plata, en vez de poner la mirada en el hombre. Cuando yo planteé recién lo de Francisco, creo que el principal aporte que hace la mirada de Francisco con Laudato si’, con tantos otros documentos y discursos e intervenciones, es diferenciar la política del dinero con la política del hombre, de la persona, de la mujer, de la familia, de la vida concreta de los seres humanos, y siempre estamos con la agenda del dinero, si hay más rentabilidad, incluso cuando hablamos de desarrollo económico. Es decir, los más heterodoxos en economía hablan ya de desarrollo, pero siempre desde la lógica de la rentabilidad, si hay rentabilidad, de la plata y no de las personas. Esto Francisco lo plantea en el mundo como una tercera guerra mundial en etapas. Por eso el mundo de la rentabilidad, de la plata, del negocio, produce lo que él llama la «cultura del descarte»: todo lo que no me sirve para ganar plata se descarta, se deja a un costado. Todos los fenómenos migratorios, todos los fenómenos de xenofobias, todas estas facciones nefastas, oscuras, los Bolsonaros, los Trumps y demás, es porque «sobra gente», digamos, entonces tenés que descartarla… las barreras, los muros. Del otro lado está la cultura del encuentro, que es producir encuentro, organización popular, fortaleza de las comunidades. Y el aliado principal que tenemos es el gobierno local. Y cuando digo “el gobierno” no es solamente el intendente, el municipio y los concejales, sino las comunidades que se organizan política y jurídicamente, y también social y culturalmente. Por otra parte es el sueño histórico del peronismo, que se presenta a si mismo como un movimiento que aspira de la organización política a una comunidad organizada. Esto es, en definitiva, con el hombre, la persona, en el centro  de la escena política y la toma de la decisión, la economía al servicio del hombre y no al servicio del dinero.

– Hablábamos hace un momento de cómo está dividido el mapa. El peronismo perdió en 2015 la gran oportunidad de tener una presencia más importante en los municipios. ¿Cómo ves la agenda de aquí en más del peronismo por un lado pero en particular del 2019?

– Vos me habías preguntado del tema de los municipios. Si yo planteo todo eso, es porque estoy absolutamente convencido de que el trabajo que tiene que hacer el peronismo es no solamente dar la pelea por los municipios, de tener más representación de intendentes en el 2019, si no asumir la agenda  de los municipios como una agenda de futuro. Esta agenda de la que estamos hablando la tengo no sondeada tecnológicamente, como hacen ahora con focus y demás, pero la tengo medida en la reacción: es una agenda que enamora, es una agenda que llama a protagonizar, la agenda de lograr acceso a la salud, de lograr acceso a la vivienda, de lograr acceso al alimento, de lograr hábitat justo, de lograr repoblar la Argentina, de fortalecer a las comunidades y hacer que ellas sean protagonistas. Todo esto es una agenda que enamora, que convoca, que no solamente hace que sea protagonista un candidato, que se vende como un producto, haciendo promesas, que él va a hacer todo, sino que convoca  al pueblo a protagonizar, que es lo que nosotros creemos de la política. Para eso hay que ayudarlo a organizarse, hay que ayudarlo a darle las herramientas para que sea más libre, por eso es importante la promoción en educación, la promoción en vivienda. Todo esto es para que el hombre pueda desplegar su potencialidad. Cuando digo el hombre digo siempre la persona humana. Tengo la tara todavía de hablar en términos viejos, pero bueno: es la persona humana. La verdad es que esto hace que nosotros podamos proponer y debemos proponer una agenda distinta. Por eso no va más el peronismo que habla de viejas glorias nostálgicas o el peronismo que habla de lo cuantitativo, de que somos un montón, de que hacemos grande el movimiento, de que cantamos la marcha más fuerte, de que tenemos mucho protagonismo masivo, que está bueno garantizarlo, pero además tenemos que tener una agenda que provoque la adhesión y la articulación, aun con los sectores que no son tradicionalmente peronistas, desde una agenda distinta. Por eso la gran pelea nuestra es instalar una agenda propia para no estar atrás todo el día del último despelote que armó Macri. Porque eso nos lleva a distraernos. Obviamente que un sector tiene que hacer eso, pero todo el mundo atrás del último escándalo, del último despido, de la última barbaridad institucional, que al final estamos todo el día relatando lo que pasa. Y encima contando las malas noticias. Nosotros tenemos que proponer una alternativa de futuro distinta, con una agenda que está arraigada en los gobiernos locales. Es decir, hay que darle más bola al interior. Necesariamente esto va a ocurrir, está ocurriendo en el interior, para resolver las cuestiones del conurbano. No es el interior para sí mismo, sino que es el interior proponiendo una agenda en la provincia de Buenos Aires de desarrollo, de potenciarse industrialmente, de garantizar arraigo, para resolver mucho de los problemas que está viviendo el conurbano. Que por otra parte está en duda si el conurbano es algo ontológicamente existente. Lo que veo, yo milité en el conurbano y lo conozco, es mucha identidad también con su propia localidad, con su propia identidad cultural de cada uno de los «San Martín, La Matanza, Almirante Brown, Tres de febrero». Cada uno se siente parte de eso, no se siente parte de un colectivo que se llama «conurbano». Hay identidades incluso más chicas, hay identidades que tienen que ver con «yo soy de Casanova”, o “yo soy” de distintas localidades que hacen a una identidad territorial también. También el conurbano tiene arraigo, a eso me refiero. Así que esto creo que tiene que ser la propuesta de una provincia a futuro. El peronismo está hoy en día unificado. En la provincia de Buenos Aires, a pesar de que hay diferencias, de que hay distintas procedencias, de que hay tensiones, hoy se está mostrando muy consolidada la unidad del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Obviamente que hay algunos resquemores, alguno apoyó un poquito más a Vidal, nosotros desde Unidad Ciudadana jugamos un poquito más fuerte en contra, pero lo cierto es que hay un trabajo de conjunto que se va a presentar sin ninguna duda en esa línea en la elección del 2019. Ya veremos si lo definimos por una P.A.S.O, por alguna cuestión que tenga que ver con que alguien representa mejor una idea que otro o no, pero esa es una cuestión que lo resolveremos en los tiempos que correspondan.

– Hablaste hace un momento de la «cultura del descarte» y eso me da pie a un tema que dividió aguas no solamente en el peronismo, sino en toda la sociedad, que es el tema del aborto y en particular tuviste alguna diferencia en la Cámara, con gente de tu propio espacio.

– Yo soy Diputado provincial. El tema concretamente no se debatió (se debatió en las cámaras nacionales), pero yo me sentí en la obligación y en la responsabilidad de marcar una posición personal, junto con otros compañeros peronistas, que veíamos que Macri, a principio de año, planteó una estrategia que, de entrada, nos pareció  jodida, si cabe el término, que es, sabiendo que él había expresado durante toda su campaña una posición, como él dijo, «en favor de la vida» cuando le preguntaron sobre el aborto, y fue bastante claro en esto, hizo la trampita de decir «bueno, despierto el debate», como algo virtuoso desde el punto de vista democrático, y puso, como hace siempre, algunos actores de su espacio a profundizar una posición pro-aborto y algunos actores que consideraron que tenían que no hacerlo, y desde el gobierno tensionando permanentemente entre esas dos, sabiendo que eso impactaba también en el campo nuestro, digamos. La verdad, es que veíamos que se hablaba desde la Universidad, desde la ciencia, desde posiciones ideológicas determinadas, pero no se hablaba desde el peronismo. Es decir, el peronismo, o los peronistas, no decíamos lo que pensábamos sobre nuestra concepción de la persona, de la comunidad, de lo que significa la armonía entre el individuo y lo colectivo, de lo que significa la potencia de la vida para aportar desde la diversidad en la construcción de una comunidad con justicia social. No estaba en la mirada del peronismo. No fue ajeno el peronismo a este tema… hubo muchos postulados filosóficos (no religiosos, filosóficos, esto es importante decirlo). Porque algunos se centran en la verdad de que  el peronismo es humanista y es cristiano, y con eso lo cerraron. Es toda una definición decir que el peronismo es humanista y es cristiano, pero excede la creencia religiosa. Tiene que ver con una mirada de la persona que se integra en una comunidad, y que cada persona, y esto es de una contundencia muy fuerte, está llamada a hacer un aporte a esa comunidad. Nosotros no creemos en el camino de la felicidad individual. El peronismo nunca plantea el camino de la felicidad individual: «bueno, vos, con tu vida, hacé lo que quieras, si conseguís la felicidad, la conseguís y si no…». Eso es una visión más liberal, por izquierda o por derecha, pero es una visión más liberal. Nosotros planteamos que la persona está convocada a aportar su particularidad, que es única y es irrepetible, a la construcción de una comunidad más justa. Imaginate la importancia que tiene hablar del futuro de una persona. Esto, para mi, es determinante a la hora de analizar, no ya una herramienta o una solución relacionada con la salud pública, que hay que tener y cómo hacer para que la salud pública alcance a todos, para que haya igualdad, para que haya equilibrio, para que todos tengan las mismas oportunidades, para que no haya esta cuestión de que los ricos lo pueden hacer y los pobres no lo pueden hacer, o lo tienen que hace clandestinamente y los ricos lo pueden hacer también clandestinamente pero con recursos. Para que no exista eso tiene que haber política pública, la política pública desde el Estado con recursos. Pero, para eso, exige una visión que defienda a esa Justicia Social pero que, fundamentalmente, defienda el valor de la persona. Y el valor de la persona, de la dignidad de la persona, se centra sobre el valor primero que es el valor de la vida. Para mí, esto, desde el peronismo, tenía una contundencia que había que decirlo. Lo cual no quiere decir no respetar las otras visiones que también tienen raíz peronista, o se dicen peronistas o son peronistas (no soy yo para decir sí o no). Lo que digo es: acá hay un componente de la mirada doctrinaria del peronismo que no podía dejar de decirse. No fui yo solo: fueron montón de compañeros que se organizaron para plantear esta mirada. Se llamaron en su momento «Peronistas por la Vida», que siguen trabajando en distintas cuestiones, pero lo que nos despertó  el convocarnos desde la militancia, hicimos un documento que hicimos público, para expresar «che, el peronismo acá no puedo no hablar». Tenemos que resolver la cuestión de la salud pública, de la integración, de la igualdad, de los derechos de la mujer, de fortalecer a la mujer en su protagonismo. ¿Quién sino el peronismo, que es el que más ha hecho por el protagonismo político y social de la mujer, que ha defendido a la madre, a la trabajadora, al protagonismo político, no sólo con el voto, sino con todo lo que ocurrió después del voto, que ha tenido una presidenta, que ha tenido a Evita, quién sino el peronismo para hacerse carne en la defensa del protagonismo de la mujer, con más derechos, con más fortalezas, con más protagonismo? Hay mucho por avanzar en este tema, que es evidente que las mujeres se han organizado, han potenciado su posición, y bienvenido sea, porque realmente ese sí es otro aporte fuerte a una comunidad más justa: la mirada de la mujer protagonizando el proceso. Lo cual, a mi modo de ver, con todo respeto, no autoriza a disponer de otra vida, en acortar ese camino. Ahí tenemos grandes debates en relación a si hay otra vida, si no hay otra vida. Todo eso, a mi no me convencieron en ninguno de los argumentos, de que no se estaba tomando una decisión respecto de otra vida. Que tenían justificaciones, que tenían momentos… las mujeres viven momentos críticos, que a veces no saben cómo manejar esas situaciones, pero a mi, el hecho de que haya una vida llamada a hacer un aporte a esta comunidad y a su propia felicidad en el marco de una comunidad más armónica, no hay nada que me autorice a pensar que podemos hacer legal ese proceso. Legal y libre y financiado por el Estado. Para mí, el Estado tiene que hacer otra cosa. Ahora, ¿tiene que hacer algo? Sí, sin ninguna duda, y algo bastante revolucionario para incorporar y para resolver estas situaciones de inequidad, sin ninguna duda, pero no podíamos no plantear esto. Y bueno, ocurrió el debate y eso me generó diferencias con mis compañeros de bancada, que ninguno participábamos en la votación como diputados, pero somos militantes políticos y todos teníamos, tenemos, nuestras posiciones. Y, como militantes, celebro que cada uno la haya expresado. No podemos callarlo, y ninguno me ha sugerido que me guarde a silencio. Todo lo contrario: lo debatimos, a algunos les incomodó, pero eso no quiere decir que yo no deba decirlo y nadie me dijo que no lo debo decir. Esto también lo tengo que decir. Incluso habiendo planteado una opinión, anterior a una definición de nuestra principal referente política, que es Cristina, que terminó planteando un voto a favor del aborto, el cual naturalmente genera una contradicción que yo asumo como parte de lo que va a venir también, porque esta discusión se va a seguir dando y me gustaría darla, me gustaría que se dé, porque yo tengo el convencimiento de que  nosotros podemos resolver la cuestión desde otro lugar que no sea dejando de lado vidas.

– Estar a favor del aborto legal suena “políticamente correcto”. En el inconsciente colectivo, es la manera correcta de ver las cosas, y estar del otro lado es ser conservador o “antiderechos”. Son dos expresiones que intentan definir al espacio que está en contra de la legalización del aborto. ¿Cómo te sentís con esas definiciones?

– Te generan la tristeza por la descalificación. Yo creo que hubo descalificación desde los dos lugares. También la posición «pro vida», ya de por si ese término lo coloca al otro en estar en contra de la vida o a favor de la muerte. También es una descalificación dura e injusta. Porque yo escuché mucho de defensa de la mujer, no hay nadie que estaba propiciando, salvo algunas posiciones extremas, que siempre hay, algo en contra de la vida. Pero bueno, son posiciones que se extremaron demasiado, porque el debate en la Argentina todavía no es maduro y también está la descalificación hacia nosotros como antiderechos o retrógrados o medievales o tantas otras cosas. La verdad es que desde el peronismo yo nunca me encuadro en esa descalificación, nunca me pongo en esa postura, porque esa es una disputa que se da entre conservadores y progresistas. Entre el progresismo y el conservadurismo siempre existe esa tensión de unos que se enamoran de un pasado, que lo inventan desde lo ideológico, porque es un pasado que nunca existió, un pasado ideal, un pasado que es reivindicable por sí mismo, una especie de enamoramiento de lo retrógrado, de que avanzar es un peligro, y los otros rompen con la cultura, rompen con la tradición, rompen con un proceso histórico de un pueblo desde, si se quiere, una concepción también ideológica, fijate como es una pelea en realidad entre opiniones ideológicas, de avanzada, como de vanguardia. La histórica pelea entre los retardatarios y los apresurados, de los que hablaba Perón. Y con mucho de soberbia entre esas dos posiciones que tensionan hacia los extremos, de creer que su construcción ideológica, ya sea una u otra, es la que tiene que forzar a la realidad a ser como ellos creen que tiene que ser. Eso es típico del ideologismo, no de la ideología. Y la verdad que el peronismo hace 70 años que planteó una visión tercerista en este tema. El peronismo no se basa en las ideologías preconcebidas como algo que surge  del intelecto, de la creación humana, sino que ve lo que ocurre en la realidad, y sobre la base de lo que ocurre en la realidad. ¿Qué ocurre en la realidad? Ocurre lo negativo u ocurre o positivo. Ocurre el encuentro de personas, ocurre la cultura, ocurren los tiempos, ocurre la vida diaria de la persona. Y en ese transcurrir, el peronismo transforma, el peronismo quiere incorporar la mayor dignidad que pueda a las personas para que, como dije hace un ratito, esa persona pueda desplegar toda su potencialidad en una comunidad más justa. «Nadie se realiza sino en una comunidad que no se realiza». El peronismo busca la felicidad de la persona individual y la felicidad del pueblo como ser cultural, colectivo y distinto del individuo. Eso es una búsqueda de armonía. Eso no puede surgir nunca de un ideología preconcebida. Eso surge de alguien que está dispuesto con humildad a observar la realidad y transitar la realidad adentro. Por eso Perón decía que había una sola clase de hombres, que eran los que trabajan. En realidad, es transitar la realidad adentro del pueblo, no visto desde un lugar de superioridad. Y muchas de las disputas en las que nos meten las ideologías están posicionadas en lugares de superioridad. Los grandes centros de pensamiento o usinas de pensamiento que dicen «no, la realidad tiene que ser acá». El marxismo o el capitalismo, como únicas explicaciones de la realidad. El peronismo plantea “no, ni una ni la otra”. Nuestra Tercera Posición se da también en este tema. Y no es equidistancia, no es no estamos ni con uno, ni estamos en el medio de los dos. Es una posición superadora que tiene, fundamentalmente, un enorme aprecio y confianza en la persona. El Peronismo confía en el hombre, confía en la persona. Y confía en que esa persona tiene que poder desplegar su potencialidad. Ahora, para que esa persona pueda desplegarse, tiene que haber justicia y ahí está el rol de un Estado que dice «no, los más fuertes no pueden dominar a los más débiles; tiene que haber un equilibrio». Esto es una presencia de la política, del Estado, de la organización popular. Yo por lo menos me escapo de esas máximas, no me considero inserto en esas máximas. Porque de hecho muchas de las banderas de nuestro espacio político, el kirchnerismo, de incorporar nuevos derechos, de subir el standard de realización personal, se sustentan en una mirada más de progreso, de una historia que progresa, que avanza, que evoluciona. También, concepto muy “peroniano”, que evoluciona. Ahora, eso no nos puede permitir enamorarnos de un pasado. Fijate que hay muchos de los peronismos que yo irónicamente llamo “los peronistas posta posta”, que son los peronistas que te corren con la ortodoxia y demás, que en realidad empiezan un proceso de conservadurismo, que es enamorarse de un pasado. Yo no participo de eso. Ahora, sí creo en los tiempos, como dije al principio de la entrevista. Sí creo en los tiempos, creo en la historia y creo que los hombres y las mujeres y las historias, van en evolución.

– Te pido una pequeña apostilla sobre tu diferencia de posición con respecto a lo que es la conducción del Peronismo, siendo que el peronismo es absolutamente vertical, o debería serlo. ¿Cómo balanceaste eso en el día a día, en un tema que todavía queda por saldar? 

– A mi nadie me dijo nada, que no tenía que hablar ni que tenía que hablar. Si me lo hubieran dicho lo hubiera discutido. Pero el peronismo se hace con el aporte de todos y yo no estoy solo en esto. Hay un montón de compañeros y de compañeras que asumieron la necesidad de plantear esta visión frente a un debate que habla de la persona humana. ¿Cuándo el peronismo no va a hablar de una cuestión que habla de la persona humana? La persona humana es la madre y la persona humana es el hijo. Porque acá también nos cortan al medio o transversalmente las posiciones ideológicas de las que hablé hace un ratito. Muchos de los que defienden la vida, o de los “pro vida” y demás, después terminan boicoteando la Asignación Universal por Hijo, o diciendo que las madres se quedan embarazadas porque les dan una asignación. ¿Cuál es la coherencia de plantear «se embarazan porque les dan la AUH»? Nuestro gobierno es el gobierno que más hizo por la madre, por la justicia por la integración, dando la AUH, la Asignación Universal por Embarazo, el PROCREAR (Programa de Crédito Argentino), el PROGRESAR (Programa de Respaldo a Estudiantes Argentinos) para los chicos que estudian, el sostenimiento de la lactancia. Cientos, miles de herramientas para fortalecer a la vida de la persona por nacer. Me acuerdo, incluso, de la campaña del 2011: Cristina hablando de la vida y con herramientas, porque había hecho su primer gobierno, y mucho más en el segundo, muchísimo, creo como nadie nunca antes había sostenido esto. Y algunos hasta la siguen corriendo por izquierda a Cristina. Yo en eso le tengo bastante más respeto. «Sí, sí, ahora votaste, pero antes no habías votado, no lo permitiste durante doce años, y esto fue culpa tuya». Siempre hay uno que te «troskea» un poquito más. La posición del peronismo tiene que ser muy responsable con respecto a esto. Porque enamorarse de la bandera de vanguardia es fácil, porque tiene como una cosa de mística, de la vanguardia, de subirse a la ola. Todo esto tiene un componente, si se quiere, de lucha, lindo pero que también es una posición cómoda. Nosotros creímos que teníamos que asumir esta posición que sabíamos que era incómoda y nos podían correr con este argumento que vos decís de que somos antiderechos, bueno de hecho me lo han dicho en las redes y eso: «él es antiderecho». Yo la verdad que soy un promotor de la dignidad de la persona, de los derechos de la persona, así que no me entra esa bala. Es como que me siento afuera de esa consideración.

Agradecimiento de Mariano Pinedo al finalizar la entrevista:
Te agradezco la amplitud de la entrevista, la posibilidad de haber hablado todos los temas y soy un convencido de que el peronismo tiene mucho que hacer todavía en la Argentina y en Latinoamérica. Tenemos que fortalecer la unidad popular. Sobre la solidaridad de los trabajadores se construye la unidad del Pueblo, y ese pueblo tiene que verse a sí mismo como parte de un pueblo latinoamericano. Es decir, realmente no hay salida para nuestra independencia económica, nuestra soberanía política y la justicia social si no es en el marco de un cumplimiento del viejo sueño todavía no cumplido de una nación sudamericana industrializada y fortalecida desde lo poblacional y desde lo cultural. El aporte que Latinoamérica puede hacer al mundo no tiene dimensión. Todo lo que nosotros logramos construir en nuestra historia de mestizaje, de integración, de no discriminación, con todas las debilidades que tenemos, pero hemos hecho, creo yo, el continente de paz, el continente de mayor democracia, con todavía muchas asignaturas pendientes en materia de desigualdad, pero que ese aporte nuestro al mundo todavía no se desplegó como se podría desplegar. A pesar de que  ahora estamos en un momento histórico que es que tenemos un jefe de la Iglesia Católica, que es una de las iglesias de más inserción cultural en el mundo, que es Argentino, que es latinoamericano, que algunos dicen que es peronista.

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